10 Personalidades que no debieran existir en un matrimonio cristiano

marriage

“Mi amada y yo hemos estado casados 16 años, y hemos aprendido mucho en estos años juntos. Tuvimos un principio difícil que se ha convertido en una unión dulce y gloriosa, y rara vez pasa un día sin que dé gracias a Dios por mi esposa. Nuestro matrimonio no es perfecto, porque ninguno de nosotros en este matrimonio es perfecto (aunque ella está sin duda más cerca de la perfección que yo), pero puedo decir que por la gracia y misericordia de Dios tenemos un buen matrimonio. Hemos aprendido diferentes lecciones en los últimos dieciséis años: algunas fueron más dolorosas de aprender que otras, y algunas son lecciones necesarias para seguir creciendo. Muchos de quienes leen este blog han estado casados mucho más tiempo que nosotros, y sin duda, tienen más sabiduría que ofrecer sobre este tema, así que agradezco sus comentarios. Como pastor que he asesorado a muchas parejas, y un veterano de 16 años de matrimonio, he encontrado que estas diez personalidades no tienen cabida en el matrimonio cristiano:

1. La personalidad del agente secreto: Nuestras expectativas de la relación matrimonial no pueden ser secretas; nuestro cónyuge necesita saberlas, y nosotros tenemos que comunicarlas. No es justo, y ni siquiera es sabio esconder estos pensamientos de nuestro cónyuge, él o ella necesita saber. Si no estamos dispuestos a comunicar una expectativa, entonces dicha expectativa no debería existir. En verdad, a menudo somos renuentes a compartir estas expectativas silenciosas, porque una vez que las oímos pronunciadas de nuestra boca nos damos cuenta de lo mezquinas e innecesarias que son.

2. La personalidad polemista: Los debates son buenos en política, la sala de clases y en las pausas de trabajo en la oficina, pero no son útiles en el matrimonio. Nunca discutas por discutir en tu matrimonio; no debatas para ganar un tema, una conversación o un plan, ya que es una forma de perder todo al final. Mantente dispuesto a discutir y a estar en desacuerdo, pero nunca para debatir porque sí.

3. La personalidad guerrera: Nuestro conflicto no es con nuestro cónyuge; nuestra batalla no es “contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Nunca debemos ver a nuestro cónyuge como el adversario y tampoco que ella o él nos vea a nosotros como el adversario. Estamos unidos en Cristo para librar la buena batalla, el uno junto al otro, no el uno contra el otro. Yo no soy su enemigo y ella no es mi enemiga. Somos compatriotas y soldados que luchamos mano a mano contra el mal, siguiendo la guía de nuestro Señor Jesús en esta buena y santa pelea. “Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24) y no para pelear el uno contra el otro.

4. La personalidad de mamá o papá: A la mayoría de nosotros nos encanta ser padres, pero esto no puede reemplazar nuestro primer llamado a ser esposo o esposa. Es un grave error colocar a los hijos por sobre la relación matrimonial. Si nuestro matrimonio sufre, nuestros hijos sufren; si nuestro matrimonio prospera, las bendiciones caen sobre nuestros hijos como el aceite derramado sobre la cabeza de Aaron y que baja por su barba (Salmo 133); es como el rocío de Hermón que cae en las montañas de Zion y ¡da vida!

5. La personalidad de quien apunta con el dedo: El pecado de nuestra esposa no es solo un problema de ella que ella “tiene que superar”; tampoco los pecados de nuestro esposo son solo luchas de él que él tiene que “dejar atrás”. Estamos unidos; somos una sola carne (Gen.2:24); Dios nos ha dado el uno al otro para caminar de la mano por el sendero de la rectitud.  Así que “sobrellevemos los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2).

6. La personalidad que se cree el Espíritu Santo: Una de las grandes trampas en el matrimonio cristiano es preocuparme más por el estado espiritual de mi cónyuge que el mío propio. Es una especie de súper espiritualidad que se disfraza de amor y rectitud, cuando es todo menos eso, y que, por el contrario, huele a hipocresía. Nosotros no somos el Espíritu Santo, ni tampoco la conciencia de nuestro cónyuge. Es muy fácil perder de vista nuestras responsabilidades cuando estamos preocupándonos de otra persona.

7. La personalidad que carece de espina dorsal: Amar y apreciar el don de la gracia no significa evitar todas las cosas difíciles que se ocurren en el matrimonio. Algunos cónyuges cristianos se ven limitados por la falsa creencia de que estar enfocados en la gracia significa evitar todo conflicto, desacuerdo y confrontación.  Pero nosotros somo gente “de la gracia”, y a veces la manifestación más importante de esa gracia es estar dispuestos a tratar temas complicados y lidiar con asuntos difíciles. Un cónyuge lleno de la gracia hablará la verdad, siempre en amor, pero dirá la verdad (Efesios 4:12) para que su cónyuge y su matrimonio mejoren para la gloria de Dios.

8. La personalidad acusadora: Las cosas que se han perdonado en el pasado no son armas para usarse en el presente. No importa si fueron pecados o errores cometidos antes del matrimonio o después de los votos matrimoniales. No importa si fueron pecados específicos cometidos contra nosotros mismos o contra otra persona. Lo que ha sido perdonado está perdonado. ¿Quedan consecuencias? Seguro. ¿Podemos necesitamos discutir estas cosas en Consejería u orar juntos por estas cosas? Sí. Pero no son un mazo que se use en momentos de desacuerdo, tampoco son un ejemplo que se use a favor de un argumento, ni un pensamiento que mantenga a nuestro cónyuge cautivo a nuestros deseos. Por el contrario, dichas cosas han sido enterradas en un profundo abismo sellado por el perdón que nos da la gracia de Dios. Allí permanecerán, a menos que sea necesario sacarlas, pero nunca como acusación contra nuestro cónyuge.

9. La personalidad del Yo monstruo: “El amor no busca lo suyo” (1 Cor. 13:5). No debemos buscar nuestros propios intereses primero. Si ambos estamos buscando los intereses del otro, entonces las necesidades de los dos se cumplirán, no de mala gana, sino toda buena voluntad.

10. La personalidad dictadora: El matrimonio cristiano no debe ser dominado por uno de los cónyuges. El esposo es la cabeza de la unión matrimonial (Efesios 5), pero no es el rey. Tanto el marido como la esposa sirven a un solo rey, quien dicta las reglas, el carácter y el propósito de esta relación. Tender a buscar el control del matrimonio ya sea usando la fuerza o el silencio de la agresión pasiva, es incorrecto. No podemos tratar de dominar lo que no nos pertenece por derecho. No podemos olvidar tampoco que este matrimonio no es “nuestro” para hacer con él lo que queramos, sino que es de Él; es de su dominio y ambos servimos su reino, no el nuestro. Nuestro matrimonio debe ser una señal terrenal viva que apunte a la realidad de la unión viva de Cristo con la iglesia (Efesios 5), y esto es lo que debe dominar, dictar y gobernar nuestros matrimonios: la gloria de Cristo quien es nuestra cabeza, nuestro exaltado rey, y nuestro novio. No nosotros. ¡Qué cosa gloriosa es el matrimonio cristiano!”

——————————————–

Traducido con permiso.  El artículo original fue publicado en The Gospel Coalition con el título 10 Personalities that have no place in Christian Marriage, y fue escrito por el pastor Jason Helopoulos. 

Leave a Reply