Nadando contra la corriente del mundo

do-not-conformEl sábado pasado desperté con una serie de pensamientos sobre la Iglesia de Cristo, acompañados de la urgencia especial de escribirlos, así que me levanté y me senté frente a mi computador. Después de dos días, releo y depuro estos pensamientos, pidiendo al Señor no añadir ninguna idea mía propia sino solo lo que Él me da.  Creo firmemente que el Espíritu del Señor puso estos pensamientos en mi corazón para la hermandad que acceda a este escrito; quién sabe si Ud. es la persona que Dios usará para compartir esta verdad sobre la Iglesia de la cual Ud. forma parte.

La Iglesia de Cristo ha sido atacada por el enemigo desde su inicio. Pero hoy, de nuevo, surge la necesidad de comunicar una verdad que está plagando muchas de nuestras congregaciones hoy, y el señor lo sabe bien. Pido disculpas si lo que presento aquí parece una generalización y demasiada simplificación de una realidad compleja, pero creo que es necesario en este caso.

“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció,
porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”.
(Juan 17:14-18).

Las Escrituras describen tres frentes desde donde provienen el ataque diario a los hijos de Dios: el mundo, la carne, el diablo. Entonces, ¿qué sucede cuando la Iglesia deja la VERDAD, es decir, la enseñanza bíblica y se asemeja al mundo, hace lo que le acomoda a la carne, y pierde el respeto por el enemigo?

Algunos breves ejemplos de los resultados:

  • La iglesia primitiva, solo 300 años después de la muerte del Señor Jesús, sufrió un hecho que cambió para siempre la fe cristiana.  El emperador romano Constantino legalizó la religión cristiana por el Edicto de Milán en 313 (siglo IV), es decir, adoptó el cristianismo como sustituto del paganismo oficial romano. La leyenda popular dice que Constantino I era cristiano, sin embargo, nunca repudió su posición de alto sacerdote de Mitra Sol Invictus públicamente, y su única “conversión” conocida fue moribundo en su cama (como se dijo luego por Padres de la Iglesia cristiana posteriores), lo cual es imposible de verificar.  Por entonces, la iglesia cristiana primitiva ya había aceptado el rol jerárquico del Papa y había asumido el nombre de Iglesia Católica (universal).  Así la Iglesia deja de ser perseguida y contraria a la cultura, y pasa a ser una “religión” aceptada, ¡por fin los creyentes pueden vivir en paz, tener casas, comprar y vender, criar sus hijos sin temor ni verguenza del mundo que les rodeaba!  ¿No suena eso muy positivo?  Por el contrario, este hecho marca el inicio de la decadencia de la Iglesia (las Escrituras dejaron de ser cruciales y la tradición pasó a tomar un rol preponderante, se dio muerte a los que se atrevian a contradecir sus enseñanzas, se creó una institucion humana sin poder espiritual, con una jerarquía corrupta, entre otros).
    Se puso fin parcial a todo lo anterior con el surgimiento del protestantismo, con maestros reconocidos como Lutero, Hus y Calvino, pero otra vez terminan en desastre:
  • Doctrinas de aislamiento del mundo, como los Amish, entre otros, que superficialmente parecen ser muy piadosos pero hoy son una fe que predica la práctica de tradiciones para lograr complacer a Dios.
  • El metodismo, cuyo impulsor fue el reconocido maestro John Wesley quien vivió una experiencia transformadora que debiera haber sido un excelente ejemplo a sus seguidores, es hoy una denominación que da la bienvenida a los cristianos homosexuales para unirse a la congregación y servir en puestos de liderazgos. Queda un remanente de la iglesia metodista que no se ha inclinado a los dioses de Baal.
  • La fe bautista, con maestros reconocidos como Spurgeon que advirtió sin cesar el peligro de la Iglesia, hoy es una denominación que cuenta con iglesias que también aceptan el homosexualismo, que el infierno no existe, y mujeres como “pastoras”. Tambien queda un remanente que busca desesperadamente cumplir con los preceptos bíblicos.
  • La Iglesia Alianza Cristiana y Misionera, con el reconocido maestro A. W. Tozer (1897-1963) quien fue ministro de la Alianza Cristiana y Misionera de 1919 a 1963, y que escribió muchísimo sobre cuidar la sana doctrina, está hoy llena de estrategias mundanales para cuidar a su congregacion, que provienen de las ideas del mundo evangélico estadounidense, que pude experimentar de primera mano cuando asistí a un concierto de música en la iglesia.
  • El pentecostalismo, que surgió después de grandes movimientos del Espíritu Santo, hoy es en gran parte un movimiento asociado con lo carismático, es decir, la preponderancia de las manifestaciones sobrenaturales, y poco testimonio de vida confirmado por las Escrituras, por tanto muchas manifestaciones existen allí que son contrarias a la revelación bíblica. Tambien queda un remanente que permanece fiel.

No hay ninguna denominación evangélica que hoy en día sea pura para el Señor, lo cual no es motivo de alarma sino de agradecimiento a Dios porque Él no ha llamado a denominaciones al cielo sino a almas que le aman y viven para Él.

Pero ¿qué podemos aprender de todos estos desastres institucionales?  Todos tienen algo en común:

1. Cristianos sin transformación visible en sus vidas asumiendo puestos de liderazgo.  El hecho de que en nuestras congregaciones haya personas no convertidas es positivo, ¡el evangelio es para el pecador!  Lo negativo surge cuando estas personas se denominan a sí mismas, o son consideradas por otros, como “convertidos” o “creyentes” cuando en realidad no lo son porque no demuestran el fruto del Espíritu.  “Cristianos” sin testimonios radicales de un cambio para vivir para Cristo, están predicando en los púlpitos, participando en los coros, etc. Tienen un conocimiento intelectual y quizas hasta tienen una “experiencia sobrenatural con Dios” pero no han dejado el viejo hombre y eso es evidente.  Lo peor, y el desastre llega, cuando en esta condición, estas personas asumen puestos de autoridad.  “Cristianos” sin testimonios radicales de un cambio para vivir para Cristo, están predicando en los púlpitos, están liderango pequeñas congregaciones, participando en los coros u otras actividades propias de los creyentes, etc.

Pero ¿qué dice el apóstol sobre quienes asumen puestos de liderazgo en las congregaciones cristianas?

Palabra fiel es ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?); no un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.

De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas, sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos. De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas. Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
(1 Timoteo 3:1-13)

2. Dichos cristianos no transformados no sienten repulsión por el mundo sino una extraña familiaridad y deseo de participar en él. Pueden tener un buen comportamiento moral, ser personas familiares o descendientes de un cristiano de excelente testimonio, aceptan costumbres del mundo que una generación antes, los cristianos de su congregacion no aceptaban, porque “ahora ellos saben más”, etc.

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”.
(1 Juan 2.15, Santiago 4.4)

Pero buscar la senda antigua, el buen camino, es un consejo bíblico que no debemos ignorar, y respetar y honrar a los cristianos antiguos debiera ser un producto de nuestro caminar con Cristo.

¿Cómo podemos evitar dichos desastres si hemos aprendido de la historia?

1) Debemos dar a la obra transformadora del Espíritu Santo en la vida del creyente el lugar primordial que merece; y debemos promover esta obra entre los creyentes. Si alguien ha creído en Cristo es una nueva creatura, es decir, debe dejar los rudimentos del mundo, y vivir para Cristo, con un testimonio de compasión y pasión por las almas perdidas. Los miembros de una congregación que no muestran un testimonio de transformación no pueden asumir puestos de liderazgo, porque son un ejemplo erróneo para el resto de la congregación.

2) Debemos dar a las Escrituras el lugar clave que tienen en la vida del cristiano.  Las Escrituras nos proporcionan la mente de nuestro Dios sobre todos los aspectos de nuestro camino con Él.  No tiene sentido decir que le conocemos si no vivimos en comunión con Él en su trono de la gracia o las Escrituras y si no promovemos esta comunión con otros creyentes.  Especialmente porque entre los creyentes debemos animarnos unos a otros, usando las Escrituras. Estamos hablando de un conocimiento íntimo de las Escrituras, no solo intelectual.

3) Debemos considerar verdaderamente que somos Embajadores del reino de Cristo y dejar de considerar al mundo como el lugar de nuestra ciudadanía. Muchas veces como seres humanos buscamos en forma natural la comodidad, queremos vivir una vida digna y feliz y pensamos que eso es lo que Dios quiere para nosotros, queremos que nuestros hijos no sean señalados con el dedo, sino que sean parte del grupo social en el que se encuentran. Sin darnos cuenta, hemos bajado la guardia y hemos olvidado que nuestra ciudadanía está en el cielo, que este mundo es corrupto y que sus ideas y comportamientos están en directa oposición con las ideas de Dios.

La responsabilidad primordial de todo esto recae en los actuales líderes de nuestras congregaciones, es decir, los pastores, los jefes de grupos, etc.

Tal como el ejemplo de liderazgo de Nehemías, él y el pueblo trabajaron unidos reconstruyendo las murallas de Jerusalén.  Todos los creyentes estamos construyendo el reino de Dios, con una mano en la espada y la otra mano trabajando en la muralla. No estamos sirviendo a Dios para sentarnos a mirar a los otros trabajar ni sentarnos a tomar un té y disfrutar el mundo mientras la muralla esté aun rota y el enemigo pueda atacarnos. Debemos levantarnos y trabajar. Quienes dirigen deben seguir el ejemplo de Nehemias y empezar por trabajar ellos mismos arduamente y usar el discernimiento del Espíritu Santo para dar puestos en su congregación.

Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios; teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder; a los tales evita.
2 Timoteo 3:1-5

Para terminar, finalizo con una cita de John Newton (1725-1807) compositor del himno Sublime Gracia y antiguo comerciante de esclavos que dejó todo por Cristo, quien dijo en un escrito original en este enlace:

El deseo principal de todas las personas bajo la influencia de los principios del Evangelio, será de mantener una comunión habitual con Dios en su propia alma y de manifiestan el poder de su gracia ante los ojos de los hombres.  Tales deseos no se cumplicarán mientras un cristiano esté infectado por la conformidad con el espíritu, los principios y las costumbres pecaminosas del mundo.  El fuego y el agua son tan opuestos como lo son la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento y el placer precario que se busca al conformarse al mundo; un placer (si es digno de tal nombre) que contrista al Espíritu de Dios y embrutece al corazón. Cualquiera que ha probado que el Señor es Dios y que después se ha convencido de hacer tal experimento y mezclarse con las vanidades del mundo, ciertamente ha generado un impacto negativo sobre su experiencia y se ha indispuesto para el ejercicio de la oración y la contemplación de las verdades divinas. Y si algunos ya no son sensibles de ningún tipo en este sentido, es porque el veneno ya ha ejercido un efecto aún más profundo, y entorpece sus sentidos espirituales. Conformarse al mundo es la pesadilla de muchos maestros hoy en día. Piensan que han encontrado una forma de servir a Dios y a Mamón, pero dado que son de doble ánimo, son inestables; no hacen ningún progreso; y, a pesar de que cumplen las ordenanzas lo hacen de forma magra día a día; tienen una forma de piedad, ideas ortodoxas que siguen, pero seguirán careciendo de vida, poder y piedad, mientras se aferren a aquellas cosas que son incompatibles con tal piedad.

Conformarse al mundo también es un obstáculo en el camino de quienes profesan un deseo de glorificar a Dios a la vista de los hombres. Estos maestros en realidad lo deshonran. Por su conducta, en tanto depende de ellos, declaran que la religión del Evangelio no responde sus expectativas; que ya no les da la satisfacción que esperaban de él; y que por lo tanto se ven obligados a buscar alivio en el mundo. Afligen al pueblo de Dios con sus cumplimientos, y muchas veces engañan a los débiles y con su ejemplo los alientan a aventurarse en libertades que no se hubieran atrevido a probar de otra manera. Envalentonan a los malvados de igual forma en sus malos caminos, mientras se ve una manifiesta incoherencia entre los principios que declaran y la práctica; y así provocan que se hable mal de los caminos de la verdad. Que el Señor nos haga pensar en este tema profundamente y orar que quizá, por un lado, entendamos bien y valoremos nuestra libertad cristiana; y, por otro lado, que Él nos preserve de aquel mal en aumento, ¡esa pecaminosa conformidad al mundo!

Que ésta sea nuestra oración y profesión de fe. A aquel que nos puede guardar del mundo sea la gloria por los siglos. Amén

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