Cortinas de humo: El cristiano y la moral del mundo

Una cortina de humo es una táctica de guerra en la cual el atacante usa el humo para “despistar” a su víctima y que ésta no prevea el ataque que llega sin aviso.

Anoche me quedé pensando en este bus que anda en Chile contra la ideología de género, y cómo nos dividimos en dos extremos: uno que piensa que es el derecho del cristiano de manifestar su rechazo públicamente a una idea inmoral del gobierno, y otro que piensa que, por el contrario, el cristiano debería amar al homosexual y dejarlo ser.

Como nota al márgen, estas posturas son falsas, ya que el cristiano no vive para hacer valer sus derechos sino para entregar sus derechos a favor del mensaje del evangelio de Cristo; pero su decisión de rechazar una política pública a favor de la identidad de género tampoco implica odiar a la comunidad homosexual.  Por otro lado, el amor de Dios (y por tanto del cristiano) hacia el homosexual (o cualquier otro pecador o tipo de pecado) no implica “dejarlo ser”, al contrario, implica presentarle el evangelio de arrepentimiento de pecado y reconciliación con Dios. El cristiano ha sido llamado para ser un Embajador de este mensaje.

Pero lo que es aún más importante, estas posturas son cortinas de humo que a) confunden al que no cree en Dios al ver un mensaje de odio en lugar de amor, b) distraen el creyente de dedicarse a lo que debe que es vivir y predicar el evangelio, y c) pervierten el mensaje de Cristo al mezclarlo con asuntos humanos de naturaleza terrenal, pero en suma, ninguna de estas posturas refleja o predica a Cristo, ninguna glorifica a Dios.

Me explico:

Como creyentes en Cristo, sabemos que Dios nos llama a separar la vida terrenal de la vida espiritual (“dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”). Somos embajadores de un reino espiritual y vivimos en esta tierra “en representación” de un Dios amoroso y justo, santo y creador del universo, que no vino al mundo a condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él.

Sabemos también por experiencia que es Dios quien nos hizo ver el peso de nuestro pecado y valorar el enorme impagable sacrificio que Cristo hizo para perdonar el pecado y reconciliarnos con Dios. No fueron protestas, ni palabras, ni lágrimas, ni castigos, lo que nos hizo abrir los ojos a nuestra realidad espiritual, sino solo Dios con el poder de su Palabra.

De loo anterior me surgen dos preguntas:

1. ¿Qué creen ustedes que haría un embajador de un país extranjero en Santiago si lo encontraran protestando en la calle contra una política gubernamental del gobierno chileno? ¡Sería despedido porque no le corresponde hacerlo, porque Chile no es su patria sino el país que representa!  Ahora aplica esta verdad a ti mismo. Si tenemos la libertad de manifestar nuestras opiniones públicamente, ¿estamos usando esta libertad para hablar de Dios a quienes no lo conocen, o estamos gastando precioso tiempo y energía en actividades que son de naturaleza sediciosa (independientemente de sus nobles fines) y que van en contra de la autoridad y el orden público? ¿Reflejamos paz y confianza en Dios cuando gritamos en la calle o damos la impresión de odiar a nuestros semejantes (aunque eso no sea verdad)? ¿Por qué mejor no dejar que Dios sea Dios, obedecerle y orar en privado para que Él responda en público, y usar las vías de participación política disponibles, como votar por los senadores y diputados que crearán las leyes, y votar por quien será Presidente del país, para manifestar mi opinión política, separando así lo que es de Dios con lo que es del “César”? (Si hay otras opciones de manifestar rechazo ordenadamente, me las cuentan para considerarlas también.)

2. ¿Se acuerdan cuando el apóstol Pablo habló en el Areópago de Atenas sobre la promiscuidad sexual y la esclavitud? Exacto, no se acuerdan porque no lo hizo. Al contrario, usó el conocimiento espiritual de este pueblo y lo enfocó hacia Cristo. ¿Es aceptable que “protestemos” en contra de los valores propios de un mundo que vive para sí mismo y en sumisión al enemigo del alma, en condiciones que no puede modificar aunque quiera, ya que vive para la carne, y en sumisión al enemigo del alma? Por el contrario, si por misericordia nuestros ojos han sido abiertos, con igual misericordia debemos mantener siempre abiertas las vías de comunicación con el incrédulo, no gritándole en la cara su pecado, sino llamándolo al arrepentimiento fijando el enfoque en Cristo, NO en su comportamiento o caeremos en la falta de los fariseos a quienes Cristo detestó más que a todos los pecadores que Él llegó a conocer.

3. ¿Dios nos llama a cambiar el mundo? El mundo está cayendo en picada en el lodo del pecado desde el día en que Adán y Eva escogieron creer al enemigo del alma en vez de creer a Dios.  Es por esto que tenemos que diferenciar entre la condición individual del hombre y la condición general del mundo: solo el amor de Dios puede cambiar el rumbo de las almas, ya que sabemos que el rumbo del mundo es su destrucción hasta que Dios cree una nueva tierra para su pueblo.  Nosotros no hemos sido llamados a transformar el mundo, sino a predicar a Cristo, a ser usados para que Dios salve las almas, y evitando todo aquello que enturbie el mensaje del evangelio o que nos distraiga de dicha tarea.

Ya hay acusaciones contra “los evangélicos” de incitar al odio con el bus, y hay acciones reprobables de personas que se han abanderado con esta lucha en contra de la adoctrinación de identidad de género (por ejemplo, un representante de la ONG Padres Objetores de Chile difundió un cartel difamador contra el Movilh).  Desacreditar el mensaje de Cristo es el propósito de nuestro enemigo, no le demos la oportunidad de hacerlo.  La gente homosexual, transgénero, mentirosa, ladrona, etc. es el pecador al que Ud y yo hemos sido llamados a contar de este maravilloso amor de Dios. El bus, las luchas morales, las luchas políticas, son todas cortinas de humo que nuestro enemigo genera para que nos distraigamos de la labor de amor que debemos practicar todo el día, todos los días, hacia quienes no conocen a Cristo.  Dicha labor de amor no es solo “amar” sino implica el sacrificio personal de entregar el evangelio y sobrellevar el odio que eso conlleve. Cristo ya lo dijo: “Si el mundo los odia, sepan que Me ha odiado a Mí antes que a ustedes“. Juan 15:18.  Si el mundo nos ha de odiar, que lo haga por las razones correctas ¿no?

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