Matrimonio a prueba de divorcios

Algunas personas dicen que Te amo son las palabras más hermosas. Las más desgarradoras, en mi opinión, son Quiero divorciarme. A pesar de que las estadísticas de divorcio son cambiantes, cerca de un tercio a la mitad de los matrimonios terminan con estas palabras; en un santiamén se rompe un compromiso de por vida.

Dado que todos queremos vivir felices para siempre, ¿cómo podemos evitar que nuestros matrimonios formen parte de las estadísticas de divorcio? No es fácil, por supuesto, pero aquí hay siete estrategias para que usted pueda reforzar su matrimonio:

Reafirma tu compromiso.

Enmarca este trocito de la Escritura y ponlo en un lugar importante de tu hogar: “Así que ya no son dos sino una sola carne, por tanto, lo que Dios juntó, que no lo separe el hombre” (Mateo 19: 6). En otras palabras, ¡elimina la palabra divorcio de tu vocabulario! En segundo lugar, toma la decisión de que permanecerás casada (o casado) y de que harás cualquier cosa que sea necesaria para proteger tu matrimonio.

Invierte en tu cónyuge.

Muéstrale lo valioso (o valiosa) que él o ella es para ti. ¿Cómo? Sacrifícate por tu cónyuge. Reconoce sus rasgos o virtudes especiales. Aprende lo que le hace sentir querido y apreciado. Pregúntale sobre sus metas, pasiones y sueños, y ayúdelo a alcanzarlos.

Invierte en tu matrimonio.

Toma tiempo diariamente de pasar tiempo con tu cónyuge a solas, aunque sea unos minutos: Oren juntos o lean las Escrituras o un devocional juntos; salgan juntos solos; practiquen alguna actividad entretenida; tengan relaciones sexuales a menudo y de una manera que ambos disfruten; sean personas saludables.

No es suficiente invertir en tu cónyuge y en tu relación. También tienen que cuidarse a sí mismos: permitan a Dios que examine sus vidas y traiga a la luz lo malo (mal carácter, falta de agradecimiento, violencia, rencor, venganza, vergüenza, etc), arrepiéntanse de corazón ante Dios, y si es necesario, todos los días, confiando en que Él les cambiará. Perdónense, sin fin.

Llénate del amor de Dios.

(No puedes dar lo que no tienes). Busca a Dios y pídele que te llene de su Espíritu, y por tanto, de su amor. Reconoce lo que Él te da (desde el aliento para vivir hasta el alimento, la ropa y el techo que son las necesidades más básicas del ser humano). Seguro Él te ha dado más que eso, haz una lista diariamente de lo que agradeces y toma el tiempo de compartirla con tu cónyuge y con Dios en oración. Tómate el tiempo para hacer las cosas que disfrutas, pero también recuerda relajarte y recuperar tus fuerzas.

Practica el conflicto sano.

No ignores los problemas, no los barras y escondas debajo de la alfombra, haciendo como que no existen. No evites los conflictos, sino abórdalos, en un momento en que tú y tu cónyuge están relajados, con amor y respeto, usando palabras bien cuidadas y escuchando más que hablando.

Rodéense de parejas que tienen matrimonios fuertes.

Busca deliberadamente parejas que han estado casadas muchos años y que se demuestran amor; forja amistades con esposos y esposas que han cumplido su voto de matrimonio, y pasa tu tiempo con ellos, observando cómo se relacionan y haciendo preguntas sobre la vida práctica que llevan.

Busca ayuda.

La consejería no es solo para emergencias, también puede ser para prevenir problemas. Busca una persona de tu mismo sexo que te pueda guiar en tu matrimonio, un pastor o esposa de pastor, o líder en tu iglesia, o su esposa, que te ayude a dilucidar soluciones para las situaciones complejas de tu matrimonio, quien pueda darte instrucción, aliento y responsabilidad.

 

Escrito por Dr. Greg Smalley, vicepresidente de Matrimonio y Formación Familiar en Enfoque a la familia.

Traducido de The Divorce-Proof Marriage By Greg Smalley.

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