Un soldado para Cristo

En el transcurso del ano 1945, hube de cumplir con el servicio militar obligatorio. Hacía seis meses que Cristo mi Salvador, me había libertado de las tinieblas.

Pensé en un principio, que perdería toda la gracia adquirida con Cristo Jesús, y además, dejar mi hogar y el cariño inmenso de mis padres y hermanos. Recordaba, sin embargo, las palabras del apóstol que me fortalecían: “Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Juan 6:68, 69. Gracias a Dios que, “Este pobre clamó, y oyóle Jehová, y librólo de todas sus angustias”. Salmo 34:6. Una vez en el regimiento, mi deseo fue demostrar que era Hijo de Dios. ¿Cómo realizarlo? “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”, Salmo 119:9. Continue reading →