¡Perdí mi Salvación!

Si te has preguntado una y mil veces si Dios te ha dejado de amar porque has caído en pecado, o si ya no eres su hija o hijo porque te has alejado de sus caminos, te pido por favor que leas el siguiente pasaje de una oración que hizo el Señor Jesucristo por sus seguidores y que está en Juan 18:

«Padre mío, […] A los seguidores que me diste les he mostrado quién eres. Ellos eran tuyos, y tú me los diste, y han obedecido todo lo que les ordenaste.  Ahora saben que tú me diste todo lo que tengo, porque les he dado el mensaje que me diste, y ellos lo han aceptado. Saben que tú me enviaste, y lo han creído. Yo te ruego por ellos. No pido por la gente que no me acepta y que sólo piensa en las cosas de este mundo. Más bien, pido por los seguidores que me diste y que son tuyos.  Todo lo que tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío. Y en todo esto se muestra lo grande y poderoso que soy.

Padre celestial, dentro de poco ya no estaré en el mundo, pues voy a donde tú estás. Pero mis seguidores van a permanecer en este mundo. Por eso te pido que los cuides, y que uses el poder que me diste para que se mantengan unidos, como tú y yo lo estamos.

Mientras yo estaba con ellos, los cuidé con el poder que me diste, y ninguno dejó de confiar en mí. El único que nunca creyó en mí fue Judas. Así se cumplió lo que dice la Biblia. […] Les he dado tu mensaje, y por eso los de este mundo los odian, pues ellos ya no son como esa gente, y tampoco yo soy así.  No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas de Satanás.  Yo no soy de este mundo, y tampoco ellos lo son.  Tu mensaje es la verdad; haz que al escucharlo, ellos se entreguen totalmente a ti.  Los envío a dar tu mensaje a la gente de este mundo, así como tú me enviaste a mí.

[…] Yo les he dado a mis seguidores el mismo poder que tú me diste, con el propósito de que se mantengan unidos. Para eso deberán permanecer unidos a mí, como yo estoy unido a ti. Así la unidad entre ellos será perfecta, y los de este mundo entenderán que tú me enviaste, y que los amas tanto como me amas tú.”

Si se dan cuenta, esta oración refleja que:

1.Los seguidores de Cristo han sido escogidos por Dios

2.Éstos cumplen con la característica de que “han obedecido todo lo que les ordenaste”, o sea son creyentes “practicantes” de la enseñanza que han escuchado,

3.El amor es el “pegamento” que une a los seguidores de Jesús con Cristo mismo y con el Padre,

4.Los creyentes son importantes para Cristo y para el Padre, y

5.que nuestro Señor Jesucristo cumple un importante papel frente a las trampas que nos pueda poner nuestro enemigo porque pide por nosotros al Padre.

Los creyentes son, por tanto, todas aquellas personas que han escuchado el evangelio, han creído en Cristo por fe en Dios y han practicado la enseñanza que han escuchado.  Si tú alguna vez hiciste una declaración de fe en Dios y practicas lo que Él predicó, eres su hijo ahora y siempre, has sido escogido por Dios y nadie te puede arrebatar.

No obstante, como dice el Señor, el diablo nos puede poner trampas.  La clave para no separarnos de Dios es que permanezcamos unidos a Cristo=Padre=entre nosotros.

Ahora, ¿habrá algún cristiano que no comete nunca una falta? No.  (Por supuesto vivir en pecado o tener un estilo de vida totalmente pagano y ser feliz NO corresponde a un cristiano).

Los hijos de Dios pueden cometer una falta o un pecado, lo importante es que nuestra conciencia nos acusa con Dios y nos sentimos obligados a buscar su perdón.

Cristo ya preparó la solución frente a este problema:  Él está sentado a la diestra de Dios como nuestro intercesor, quien nos defiende y nos representa como un abogado, como lo explica 1ª Juan 1:5-10:

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”

¿Cuál es la clave aquí?  Permitir a nuestra conciencia hacer su trabajo y acusarnos del mal que hemos cometido: Confesar nuestro pecado al Padre (y pedir perdón a quien hallamos ofendido con ese pecado, si fuera necesario).

Si no confesamos el pecado, éste queda enterrado dentro nuestro manchando nuestra alma y contaminando nuestro espíritu, el cual una vez sucio se siente separado de Dios, no se puede acercar a Dios, al templo, a los demás hermanos, porque no se puede acercar a nada cercano a la santidad de Dios.

De ahí pasamos a dejar de ir al templo, empezamos a ver acusación en los ojos de nuestros hermanos, pero en realidad es nuestra conciencia actuando a toda velocidad, haciéndonos sentir muy lejos de Dios (y más que hacernos sentir, nos hace ver la realidad, ya que el pecado nos separa de Dios).

Si te quedas así, pues Dios no puede hacer nada más por ti.  El sacrificio de Cristo que hizo que su sangre estuviera dispuesta para limpiarte, no puede hacer nada por ti, si tu corazón no le busca completamente humillado en arrepentimiento que se traduce en un cambio de vida que sólo lo puede lograr el Espíritu Santo.  Mucha gente se endurece en su pecado, se vuelve osca y brusca y no quiere que nadie le salude en la iglesia, no quiere hacer amigos, ¿por qué? Quizás está lleno de pecado y no quiere que nadie se lo vaya a mencionar… pero en realidad nadie lo haría.  Sólo Dios sabe tu realidad.  No te preocupes por lo que dirán los demás, tú acércate a Dios con confianza, ¡sigue siendo tu Dios!  Como dice Hebreos 4:16:

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

No dejes que el pecado te separe más de Dios.  Él te eligió para ser su hija y su hijo y para predicar su evangelio.  Él ya hizo todo por ti para que hagas su trabajo libremente.  No dejes que el orgullo (que es del diablo) te siga separando de Dios, haciéndote creer que los demás te desprecian o que al cometer un pecado ni Dios te acepta.  Dios sí te ama y ¡esto no cambia por nada en este mundo!

Sólo tienes que leer bien las Escrituras y no olvidar que Dios preparó todo para que les sirvas. Búscale HOY, mañana puede ser demasiado tarde.